Globalización y medios de comunicación. Un comentario.

Darío Machado
(Director del Centro de Estudios de América. Ciudad de la Habana)
Artículo publicado en el número 10 de la revista Ezpala, 1999

«La lucha contra la ideología totalitaria de la globalización es la lucha contra la nueva ofensiva del capitalismo trasnacional que ahora asalta al mundo para imponer su poder sin alternativas».

 

El capitalismo siempre ha formulado la cara política e ideológica de su dominación económica según la fase de expansión: primero el espacio nacional, luego la transnacionalización, ahora la globalidad. El espacio nacional que postuló la modernidad es ya un escollo, no para los pueblos, sus intereses y sus culturas, sino para la nueva fase de expansión del capital.

La ambición por la ganancia es la catalizadora del salto que pretende desconocer la modernidad a la que no han arribado millones de seres humanos, precisamente por la misma desigualdad que entraña el capitalismo. Todos los raseros del capitalismo, los de hoy como los de ayer, tienen una escala de ganancias.

 

Globalización. Un proceso intrínsecamente injusto

El término globalización implica totalidad y ya aquí estamos frente a una construcción ideológica que totaliza en el discurso algo que no es una realidad total en la práctica, hay mucho fordismo aún en la industria y todavía la caña de azucar no la podemos cortar en casa.

La globalización es, no obstante, un proceso objetivo, es la forma que adopta hoy la expansión capitalista, es por tanto un interés, es una política y también una ideología, una construcción ideológica.

Del lado de acá, es decir, del lado de quienes sufrimos las consecuencias, hablamos también de globalización, aceptamos el término pero en nuestro caso para criticar el proceso, entre otros motivos porque la expansión capitalista siempre ha creado un polo mayor de pobreza, y tal razón, la llamada globalización, es un proceso objetivamente excluyente, es intrínsecamente injusto. Recordemos la observación de Fidel de que habría de globalizarse también la cultura, la educación, la atención médica.

En este proceso lo nuevo son las tecnologías, la informática, la cibernética, las formas de explotación y la fuerza del impacto con sus consecuencias entre la gente, no el sistema. El sistema sólo ha crecido a costa del hombre y de la naturaleza, aumentado su dominación y autoestimulado sus aspiraciones a considerarse sin alternativa.

Habría que decir, recuperando la dialéctica, que estamos frente a una exclusión-inclusión. A masas enteras, a regiones, a naciones completas se les incluye en el modelo como reservorios naturales y humanos de los ejes nortecéntricos de poder.

La globalización postula de nuevo un modelo centralista y ejerce su influencia totalitaria en la política internacional, en las normas jurídicas, en la comunicación, con una ética selectiva y excluyente que espera que observemos con resignación como escogen de nuestra región tal o cual recurso natural, tal o cual rama, tal o cual cerebro, y lo articulan en el lugar exacto de sus necesidades, cuando no nos exportan una tecnología contaminante.

La globalización, en tanto ideología hegemonista y selectiva, busca siempre una premisa: es bueno y aceptable lo que es bueno y aceptable para los intereses de los centros de poder.

Observamos que si bien una buena parte de la humanidad no ha disfrutado de los avances de la modernidad, esta nueva fase de expansión capitalista adopta una filosofía en virtud de la cual todos partimos de cero. De capitalismo imperialista no se habla, de sus culpas por las desigualdades de hoy no se habla, de nuevo se postula formalmente que todos somos libres e iguales ante el mercado que aparece como Dios y es el que impone justicia, su justicia.

Siendo el eje el mercado omnipotente, a ello deben amoldarse las explicaciones filosóficas, sociológicas, jurídicas. Los medios de comunicación, cada vez más rápidos, abarcadores y eficientes, tienen el encargo de masificar la ideología de la globalización.

Eduardo Galeano nos aportó una síntesis de la ideología globalizadora cuando dice:

En los últimos 10 años se ha hablado mucho de neoliberalismo y de globalización, se ha presentado tal filosofía como lo óptimo, lo progresista, lo necesario. Una mirada a las crecidas y crecientes desigualdades bastaría para descalificar y condenar una vez más al capitalismo. Escojo sólo un dato de entre muchos que podríamos esgrimir: desde 1985 ha crecido la población mundial en cientos de millones de personas mientras la producción de cereales se mantiene la misma, sin crecer; no hablemos ya de las desigualdades en la distribución. Esa sola realidad demuestra la "victoria" del sistema capitalista.

En este nuevo ordenamiento, al sur tocan otra vez la deuda, la desocupación, la miseria. Pero no sólo eso.

La ideología de la globalización, y este es uno de sus efectos en la cultura, apunta el empobrecimiento de la subjetividad de nuestros pueblos, los recursos integrados de los centros de poder están en función de tales propósitos ideológicos.

 

La filosofía de la conformidad

Lo que sí que se globaliza, y a mucha velocidad, es la comunicación con el viejo modelo emisor-receptor: la élite elabora el mensaje, los demás lo consumen.

El esquema darwiniano de la globalización expresa su cinismo en el empleo de la comunicación como reflejo activo del proceso económico, como su correlato ideológico y psicológico. Es que detrás de la libertad enarbolada no está la espontaneidad de la naturaleza sino el frío cálculo de las transnacionales. El artificio de los medios de comunicación multiplica la filosofía de la conformidad, de lo ineluctable de la realidad, en la que para colmo el pobre tiene la culpa de su pobreza. La globalización modela en sus pantallas al "Homo oeconomicus", es decir, su ideal de persona.

El empleo de los medios masivos, en particular la televisión, tiene la función de provocar reacciones y conductas uniformes tras la manipulada libertad de, por ejemplo, elegir entre decenas de canales.

Las instituciones de los centros de poder no dejan de reseñar los problemas reales y hasta tienen divulgación en ciertos círculos y medios limitados. Muchas veces se lee en diferentes informes, estudios e incluso discursos, que se recogen los niveles de pobreza, analfabetismo, desocupación, desindustrialización, distribución desigual, etc., como algo dado que, sin embargo, no vinculan con el sistema, no lo explican como sus fallas estructurales; lo asumen como la realidad que sólo la globalización -léase más capitalismo-, podría paliar.

Los medios de comunicación se concentran para cumplir mejor su tarea. Diversos estudiosos afirman que antes de que finalice esta década menos de diez megacorporaciones controlarán la mayor parte de los medios de comunicación más importantes del mundo.

¿Cómo enfrentar el desafío de la globalización de la comunicación por los mismos centros de poder que globalizan la economía?

También nos hemos hecho otras preguntas de rigor: ¿qué papel nos corresponde a los comunicadores, a los políticos, a los sindicatos, a los periodistas, intelectuales, profesores, investigadores, ante la filosofía totalitaria de la globalización, ante la amenaza explícita contra nuestras identidades culturales?. ¿Cómo combatir la apatía, el conformismo, la inmovilidad, la deseperanza y el pesimismo, la psicología del sálvese quien pueda que inculca la ideología de la globalización?.

 

Enfrentar la globalización

En este orden, hemos comprendido que la lucha por la preservación de nuestros valores culturales, de nuestros legítimos derechos materiales y espirituales está ligada indisolublemente, en lo inmediato, a la lucha por un orden económico justo, por un orden informativo justo, por el reconocimiento de nuestros legítimos derechos, de nuestra soberanía, de nuestra independencia, a la lucha por nuestra integración, por una mayor colaboración entre nuestros pueblos, por la defensa común de nuestros intereses, por nuestra integración económica y política.

Se impone la pregunta de futuro para actuar hoy: ¿qué hacer?.

Nuestros problemas para enfrentar la globalización no difieren de nuestros problemas para enfrentar al capitalismo; nuestras deficiencias, carencias y debilidades ante la globalización, son las que hemos tenido para enfrentar al capitalismo.

Condiciones objetivas para la acción unida nos sobran, y yo añadiría -cada día tenemos más-, lo que no tenemos ciertamente es programa, lo que nos falta es proyecto; es objetivo primario estructurarlo.

Sin embargo, algo está claro ayer, y es que la lucha es ahora; no podemos postergarla. Se necesita la unidad de todos los trabajadores, de los que trabajan más con las manos y de los que lo hacen más con el intelecto, y es necesario que todos tengamos muy en cuenta las experiencias en la lucha contra el capitalismo. Nos encontramos ante la realidad de que muchos se han dejado ganar por la ofensiva reaccionaria que ha declarado obsoleto todo el acervo acumulado por la izquierda. Hay quien ha desechado la crítica al capitalismo que hicieran los clásicos y continuadores del marxismo. Permítanme a propósito una corta cita del profesor Hans Dieterich en su libro "La sociedad global":

"En estrecha colaboración con la clase política y demás intelectuales orgánicos del sistema, declaran extensas zonas de la realidad como impensables o "intocables". El violador de sus tabúes sufre destinos variados: en el Primer Mundo es ridiculizado como romántico o estigmatizado como radical o dogmático y sancionado con la exclusión de los foros de publicación, becas de investigación, y demás condiciones logísticas esenciales para el trabajo intelectual. En el Tercer Mundo, donde la dominación burguesa opera "sans frase", las consecuencias son frecuentemente más temibles".

¿Qué hacer? es entonces la pregunta de rigor.

Es evidente que no hay remedios universales y que a partir de un reto común para los países subdesarrollados, las salidas serán obligatoriamente diversas, en medio de lo cual hay que avanzar buscando soluciones comunes, construyendo la acción unida.

 

Alternativa, patriótica, socialista

Aquí en Cuba, por ejemplo, tenemos el raro privilegio de ser dueños colectivos de los medios de comunicación. Gracias a la realidad revolucionaria, nuestros medios integran una compleja red nacional alternativa, patriótica y socialista, a la dominación totalitaria que pretende la globalización.

La lista de nuestras insatisfacciones sobre la actividad de nuestra prensa escrita, radio y televisión es muy larga como para reseñarla en este artículo, pero es esencial recalcar que de nuestra condición de dueños emana el privilegio de construir, con sus virtudes y defectos, un modelo propio para la actividad de los medios de comunicación social. De esa libertad que nos da el ser dueños colectivos de esos medios nacen también sus funciones esenciales que no son comerciales, ni publicitarias, ni sensacionalistas, ni consumistas, ni enajenantes, sino culturales en el más humano, universal y cubano sentido del concepto.

Un estudio que concluí en mayo de 1995 demostró, en una muestra de 2.967 personas adultas de todo el país, que para el 81% nuestra prensa dice la verdad y para el 84% sirve a los intereses del pueblo. Las mayorías en Cuba confían en los medios de comunicación. Es deber ineludible, y eso en Cuba es luchar contra la globalización, hacerlos cada día más eficientes.

El eje de nuestra comunicación social es la construcción social, son los problemas sociales, los estratégicos y los cotidianos, el eje es el hombre. Aquí cada minuto desaprovechado o mal utilizado en nuestra televisión o radio, cada espacio desperdiciado en la prensa plana, si bien tiene un costo material, tiene un enorme valor que no se puede medir en dinero.

En otros países de América Latina y el Caribe vemos cómo el hombre común, consciente, que no ha sido embelesado por los cantos de sirena, se defiende del monopolio espiritual apagando la televisión, apoyando los proyectos de radios alternativas en FM, comunicándose del modo más antiguo, cara a cara, buscando espacios alternativos. Esta actividad "underground" en un mundo dominado por la globalización en la información, crea bases también para tejer redes que se conviertan, en la perspectiva, en posibilidades realmente significativas de comunicación democrática, y va formando capacidades para empeños superiores.

 

Elementos comunes

No podemos, entonces, pensar en recetas únicas, tampoco en programas acabados, por lo que el análisis concreto de la situación concreta, la creatividad y la imaginación, resultan indispensables. Hay, sin embargo, algunos elementos comúnes sobre los cuales vale la pena pensar:

-La ideología de la globalización divide y confunde. A nosotros nos toca unir y esclarecer. Unir significa encontrar primero un lenguaje común sin excluir a nadie a priori.

-La globalización hace que la lucha por lo cotidiano consuma cada vez más tiempo, la gente tiene que ocuparse de sobrevivir, ninguna reflexión o mensaje que separemos de esa realidad cotidiana tendría la necesaria acogida entre la gente.

-La ideología de la globalización niega la soberanía y la identidad cultural. Nosotros debemos defenderlas y reafirmarlas.

-La globalización de los medios de comunicación es excluyente. Debemos propiciar, desarrollar y fortalecer las vías alternativas y protegerlas para que no las ocupe la ideología de la globalización. Entre las formas de comunicación más eficientes están la educación popular, las radios alternativas en FM y, siempre, el diálogo directo.

-La globalización privatiza la enseñanza. El asalto masivo a ese importantísimo espacio de comunicación que son las escuelas, por el capital, es la forma que adopta hoy la lucha de clases en el terreno de la educación, al pasar el enfrentamiento contra los intereses de una clase, al enfrentamiento contra los intereses de naciones completas, en la perspectiva de anular sus identidades culturales. Nos corresponde luchar contra la privatización de la enseñanza, luchar por el derecho de todos a la educación y a una educación acorde con nuestros intereses, cultura y tradiciones.

-La ideología de la globalización quiere borrar la memoria histórica de nuestros pueblos, nosotros debemos preservarla, comunicarla a las nuevas generaciones.

-La ideología de la globalizacion busca imponer y por ello comunica constantemente la ética del mercado, vale decir la antiética del mercado. Nosotros debemos trabajar por la ética de la justicia social, la solidaridad y el humanismo.

-El ámbito por excelencia de la ideología de la globalización son los poderosos medios de comunicación social. El nuestro deberá ser la comunidad, acercarnos al hombre. No digo, por supuesto, abandonar la lucha en los grandes medios de comunicación, aprovechar en ellos cualquier espacio y apoyarse en la gente honesta que hay incluso en los grandes medidos al servicio de la ideología de la globalización, y si se logra socializar su propiedad, tanto mejor.

-Tenemos que apropiarnos de las técnicas más modernas de la información y la comunicación. Tenemos que aprovecharlas como armas para nuestros nobles propósitos de combatir el totalitarismo de la globalización.

-La ideología de la globalización impone un modelo autoritario de comunicación según el cual hay un sujeto activo que elabora el mensaje y una masa uniforme que lo consume. Nuestro modelo tiene que ser democrático y participativo, en el que todos seamos sujeto y objeto a la vez en el proceso de comunicación, el diálogo, el esclarecimiento común de los problemas y la construcción común de las soluciones como ejes de nuestra comunicación.

-La globalización nos trata de imponer la resignación y el pesimismo. A nosotros no nos queda alternativa sino la rebeldía y el optimismo.

La lucha contra la ideología totalitaria de la globalización es la lucha contra la nueva ofensiva del capitalismo transnacional que ahora asalta al mundo para imponer su poder sin alternativas. Esta es una lucha real entre las personas y el mercado absoluto. Nosotr@s estamos de parte de las personas.